22/02/12

Catafalco.






Usted se asoma a la ventana y ve cómo un niño pasea con el BUSTO de su madre y una pizarra manchada de tiza a la espalda, una enseña puramente codificada: 

en el gramaje de las estrías de tu piel encuentra el nido su avaricia: 
amamantar las caídas con la luz y la leche de tu clave 

Es el tiempo en EQUÍVOCO, se oye una nana

zorra la muerte, 
escapa mi niño, escaparás
no he llegado hasta aquí para verla mientras come 

Usted ve entonces que tras ese niño, largas sombras en nocturno en formación de seguimiento avanzan con palas de conejos, humilde brote aperitivo, bamboleantes como una caña en un pantano, como si nada. Como si ahora, de repente, un fatuo residuo dibujara en los rostros caminos glaseados y el deje claroscuro de la oportunidad que se convirtió en la garra del dios, que es uno y vómito, CATAFALCO de llaves que hunden los mares y golpean a los cerdos en su plegaria. El resultado de una vida que comienza y apenas se nutre, ya ha pasado. 

Ese es el destino que se piensa: muertos y descifra. 

El niño le ha clavado sus ojos de pan en la distancia. Dice: 

vienes aquí
vienes al rescate 







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14/02/12

Neptuno está muerto.







El arqueólogo descubre en cada una de las hormas un bajorrelieve de niños que se deshacen en una sopa de la que nadie ha oído hablar. Relatos de vida descorazonadores. Lloraríais si oyeseis uno solo de sus estertores. Reventaríais de dolor. 

Satisfechos, los lobos aplauden. Hay quien diría: Neptuno yace, está muerto. 

El mar comienza a corromper los cuerpos de los paseantes. 


















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