5/3/12

Catafalco II - Reino.






Usted deambula por los actos que comete, sintiendo un escalofrío cuando la comprensión se expande por su cráneo turbio, frotándose contra NADA como las rodillas de un niño solo en el último tren cremallera. Es el síndrome de la simplicidad del fantasma: el hartazgo de la humillación que la luz y la forma atraviesan. 

Fuera, el frío está segando cabezas de ANIMALES.


Donde los lamentos preñan con un humor denso las bocas de los miserables y estos caen, sordos, al suelo.


El sonido del ardid de la capacidad para flirtear con el diablo se dibuja como un mapa de varices en su pierna, sígalo, usted sabe cuánto tiempo tarda el conejo en encontrar a sus CRÍAS, y como las devora. Y como las echa, ensangrentado el hocico, de menos. Aúlla. Se le raja la PIEL, entonces. 


Fuera, en el borde, el simio y el bobo, se rompen los brazos a golpes. El frío está segando, mientras usted actúa y lee, ahora mismo, sus cabezas. 


El límite de lo soportable se llama Reino. 






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22/2/12

Catafalco.






Usted se asoma a la ventana y ve cómo un niño pasea con el BUSTO de su madre y una pizarra manchada de tiza a la espalda, una enseña puramente codificada: 

en el gramaje de las estrías de tu piel encuentra el nido su avaricia: 
amamantar las caídas con la luz y la leche de tu clave 

Es el tiempo en EQUÍVOCO, se oye una nana

zorra la muerte, 
escapa mi niño, escaparás
no he llegado hasta aquí para verla mientras come 

Usted ve entonces que tras ese niño, largas sombras en nocturno en formación de seguimiento avanzan con palas de conejos, humilde brote aperitivo, bamboleantes como una caña en un pantano, como si nada. Como si ahora, de repente, un fatuo residuo dibujara en los rostros caminos glaseados y el deje claroscuro de la oportunidad que se convirtió en la garra del dios, que es uno y vómito, CATAFALCO de llaves que hunden los mares y golpean a los cerdos en su plegaria. El resultado de una vida que comienza y apenas se nutre, ya ha pasado. 

Ese es el destino que se piensa: muertos y descifra. 

El niño le ha clavado sus ojos de pan en la distancia. Dice: 

vienes aquí
vienes al rescate 







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